El caso de los siete electricistas raptados en Matehuala no sólo encendió las alarmas por la gravedad del hecho en sí, sino porque terminó por confirmar lo que desde hace tiempo todo el mundo comenta, señala y sufre en el Altiplano Potosino; la fragilidad institucional frente a la operación del crimen organizado.
Primero vino la desaparición en plena zona industrial, después la incertidumbre y finalmente la localización con vida. En el camino, la versión oficial terminó por ponerle nombre al responsable. El propio secretario general de Gobierno, Guadalupe Torres Sánchez, reconoció que el Cártel del Golfo estuvo detrás del rapto y que, además, mantiene presencia en la región. Es decir, no se trató de un hecho aislado, sino de la manifestación de un problema estructural.
A partir de ahí, el caso deja de ser un simple episodio delictivo y se convierte en síntoma grave de una enfermedad que no se ha atendido. Si un grupo criminal puede interceptar, retener y movilizar a siete trabajadores sin que haya contención inmediata, conviene preguntarse quién manda realmente en el territorio.
En Matehuala, distintas versiones, persistentes y cada vez más extendidas, apuntan a un escenario preocupante: que la vida pública estaría condicionada por intereses ajenos a la autoridad formal. Se habla de un control que no sólo se limita a las calles, sino que alcanzaría áreas clave del propio Ayuntamiento. Seguridad, Tránsito, Obras, Alcoholes y Comercio son mencionadas de manera recurrente en ese señalamiento. Bajo esa lógica, cualquier trámite cotidiano como una licencia, un permiso de construcción, una apertura comercial, tendría que pasar primero por filtros informales donde, más que requisitos legales, se fijan condiciones discrecionales. Una especie de ventanilla paralela, pero con más poder que la oficial.
En medio de este contexto, el alcalde Raúl Ortega ha pedido que no se politice el caso de los electricistas ni la detención de quien se venía desempeñando como su director de Seguridad Pública, Jorge Peña, pero los hechos han alcanzado un nuevo nivel de gravedad y pretender aislarlos del debate público no sólo resulta difícil, sino poco realista. Más aún cuando la percepción ciudadana apunta en sentido contrario.
A esto se suman señalamientos sobre la operación interna del gobierno municipal y la influencia de asesores externos. En particular, se menciona a Enrique Flores Flores, figura conocida en la política estatal y vinculada en el pasado a polémicas como la llamada “Ecuación Corrupta”. De acuerdo con diversas versiones, su influencia alcanzaría áreas sensibles como la Contraloría, lo que, de confirmarse, abriría cuestionamientos sobre la vigilancia del uso de recursos públicos y la autonomía de los órganos de control. Los rumores más aventurados dicen que los regidores, es decir, todo el Cabildo, también tienen responsabilidad en este tema, pero es claro que lo niegan.
Nada de esto, por sí solo, constituye una prueba contundente, pero tampoco puede ignorarse cuando los hechos, como el rapto de los electricistas, parecen encajar demasiado bien en ese rompecabezas.
Matehuala no es el primer municipio que enfrenta rumores de captura institucional, pero sí es uno donde esos rumores comienzan a encontrar eco en la realidad. Y cuando eso ocurre, el problema deja de ser político para convertirse en algo más profundo; una crisis de autoridad.
Más allá de declaraciones, deslindes y llamados a la prudencia, la situación exige que se aclare quién está moviendo los hilos y si lo hace desde la ilegalidad, conviene preguntarse cómo es que se le ha permitido que acumule tanto poder. Matehuala, tan lejos de Dios y tan cerca de…
Cavilaciones:
Primera: Ha escalado de tal manera el video de la persona que aparece asoleándose en los ventanales de Palacio Nacional que el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum no pudo sostener la versión de que se trataba de imágenes generadas con inteligencia artificial. Fueron maestros de la CNTE los que tomaron las fotografías y videos. Son reales. En San Luis Potosí, por lo menos, se trató de un fantasma, pero en la CDMX sí es una humana la que se expone al calor del astro rey ¡Miau!
Segunda: La inauguración del parque industrial World Trade Center III hizo lucir al empresario Vicente Rangel Mancilla, director del poderoso grupo Valoran y de META, que construye actualmente la autopista de cuota San Luis-Matehuala. Algunos extrañaron la ausencia del diputado federal Juan Carlos Valladares, uno de los personajes que acompañan al gobernador en casi todos los cortes de listón. Este felino les deja de tarea que elucubren lo que les dé su gana ¡Grrr!
Tercero: En Villa de Reyes, la cosa está que arde entre funcionarios del Ayuntamiento. Ismael Hernández se volvió loco y como está siempre ausente, los ratones hacen fiesta. Una cosa es cierta, la que manda es la tesorera Rosa Carrillo, que está tan empoderada que hace unos días se les puso a los representantes de los programas del Bienestar, a quienes acusó de quedarse con las tarjetas de beneficiarios para cobrar los recursos. Esos servidores de la nación salieron más uñas largas que bonitos.