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Elucubraciones: Después del aerosol, el agua bendita

Por El Gato Filósofo

Los daños al Templo de la Compañía registrados durante las movilizaciones del 8M en San Luis Potosí, las pintas en la fachada, los golpes en la cantera y la caída de una cruz histórica encendieron una polémica que, como suele suceder en estos casos, rápidamente se dividió entre indignados y justificadores.

El patrimonio histórico tiene la peculiaridad de no poder defenderse solo. Los templos coloniales, con sus siglos de historia, suelen quedarse inmóviles mientras alrededor de ellos se discuten los conflictos del presente. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en el corazón del Centro Histórico potosino.

Las reacciones no tardaron. La Iglesia católica condenó los daños, aunque procuró hacerlo con un tono que buscó evitar la confrontación directa con el movimiento feminista. El arzobispo de San Luis Potosí, Jorge Alberto Cavazos Arizpe, fue cuidadoso al reconocer que el dolor que da origen a las protestas es real, pero también recordó que la violencia contra edificios históricos no es la mejor manera de resolverlo.

En términos eclesiásticos, el templo había sido profanado. En términos urbanos, la fachada barroca había quedado convertida en un lienzo involuntario de consignas.

La respuesta institucional fue entonces profundamente simbólica; una misa de desagravio celebrada frente al templo dañado. Una ceremonia religiosa para pedir perdón por los agravios cometidos contra un espacio sagrado. Una escena que, vista con cuidado, parecía reunir dos tiempos distintos; el de una ciudad colonial que se encomienda a la liturgia y el de una sociedad contemporánea que debate en las calles.

Las imágenes fueron reveladoras. Fieles rezando frente a la fachada pintada. Sacerdotes hablando de reconciliación mientras detrás de ellos aún se alcanzaban a ver los rastros de la protesta. Un recordatorio bastante gráfico de que el país suele resolver sus conflictos más simbólicos entre consignas y rosarios, pero más allá del gesto espiritual, el problema también tiene una dimensión práctica: restaurar lo que se dañó.

En eso ya trabajan autoridades eclesiásticas y especialistas en patrimonio. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) deberá intervenir para evaluar los daños y determinar el proceso de restauración. No es un trámite pequeño; cada piedra de cantera tiene valor histórico y cualquier intervención requiere criterios técnicos precisos. Así que, mientras unos discuten en redes sociales quién tenía razón y quién no, otros tendrán que limpiar, consolidar y reparar.

El episodio deja varias lecciones. La primera es que el debate público en México tiende a simplificarse demasiado rápido. O se condena todo lo ocurrido durante las marchas o se intenta justificar cualquier exceso en nombre de la causa. La realidad, como casi siempre, es bastante más compleja. La segunda es que el patrimonio histórico sigue siendo un espectador vulnerable de los conflictos contemporáneos. No es la primera vez que ocurre y difícilmente será la última.

Y la tercera, quizá la más evidente, es que las ciudades necesitan autoridades capaces de prevenir estos escenarios. Al final, queda claro que, entre la libertad de manifestación y la protección del patrimonio, no debería existir una contradicción tan grande.

Gracias a la colaboración ciudadana y a la convocatoria que ha lanzado el Arzobispado, el Templo de la Compañía será restaurado. La cantera volverá a lucir limpia y la cruz seguramente regresará a su lugar. Los templos, después de todo, están acostumbrados a sobrevivir siglos. Lo que queda por ver es si la sociedad que los rodea aprende algo en el proceso o si, como suele ocurrir, simplemente espera al próximo 8 de marzo para volver a empezar la misma discusión.

¿Ven cómo sí se pierde la causa de la lucha feminista gracias a estos desmanes? Hoy, nadie habla de los ecos positivos que deberían quedar de la movilización. Se habla de los daños, de los destrozos, del caos. La marcha colocó a las mujeres como agresoras. Qué ironía.Principio del formularioFinal del formulario

Cavilaciones:

Primera: Y mientras en México se luchaba por frenar la reforma electoral que pretendía imponer la presidenta Claudia Sheinbaum, la senadora potosina, la panista Vero Rodríguez, presumió que anda en París, Francia. Según sus redes sociales, acudió a una reunión de la Red Parlamentaria de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Escribió: Hoy dialogamos sobre la importancia de nuestra industria y cómo las estrategias empresariales pueden atraer inversiones que impulsen la prosperidad y el crecimiento sostenible. Lo más valioso, es poder llevar esas buenas prácticas a nuestro estado.  No, pues merci, por lo que nos toque ¡Miau!

Segunda: San Luis Potosí capital es considerado para convertirse en «Territorio de Paz». El programa forma parte de una estrategia en la que la Secretaría de Seguridad Federal ha incluido 60 municipios de todo el país. Algunos aseguran que Omar García Harfuch quiere tener cerca a su exjefe, el alcalde de la capital potosina, Enrique Galindo. Por lo pronto, este felino espera que ese apoyo sí se vea y se refleje en recursos para la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de San Luis Potosí.

Tercera: La dirigente de Morena en San Luis Potosí, Rita Ozalia Rodríguez, estrenó su programa en redes sociales, única vía para responder preguntas. Dicen que cae más pronto un hablador que un cojo y la doñita decidió comerse sus propias palabras. Hizo una oda al nepotismo (tiene a toda la familia en las nóminas del gobierno federal; eligió a su sobrino, Osmar Rodríguez, responsable del área de becas en la delegación del Bienestar como su primer invitado. El padre de Osmar, Jesús Rodríguez, es funcionario en la delegación de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural y no tardó en reaccionar con un corazón a la transmisión en vivo. Este felino quisiera decir «¡Qué bonita familia!», pero bonitos, así que digan ustedes ¡Uy! ¡Qué bonitos! pues No.

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