Amaneció el barrio con más frío que ayer, pero igual iba subiendo la temperatura hora tras hora. El vejete caminaba despacito sobre la banqueta empedrada y todavía algo húmeda, que le recordaba épocas mejores de su ya lejana adolescencia.
Estábamos mejor cuando estábamos peor, pensó. Ojalá que nuestro país recobre el paso. Nomás no pueden ser tan malos los gobernantes y los gobiernos, repetía.
Había leído en el periódico sobre el penoso desempeño de los mentirosos integrantes del Gabinete Federal. Y desde una soleada banca del jardín, con su nueva tablet le escribió al autor un mail: “En su columna del sábado, que va de Milei a Ebrard, pasando por Salinas Pliego y las colusiones criminales, se refiere usted a los embustes con los que varios funcionarios tratan de confundir y distraer en temas críticos de Economía, Salud, Educación, Seguridad…
Esas “narrativas” se alejan de la patética realidad y, al esconder los errores y problemas, dejan de enfrentarlos y enmendarlos. Nunca se va a tener una economía robusta sólo con bonitas declaraciones y buenas intenciones.
Es otro el camino, y se necesitan funcionarios con visión, talento, formación, disciplina, dedicación, honestidad, humildad… Nada era perfecto, pero cierta solidez de períodos anteriores ya no se ve hoy. ¿Dónde estarían actualmente los equivalentes de aquellos personajes de gran estatura moral y profesional?
No veo ahora equipos ni personas como en la segunda mitad del siglo XX. Y resalto aquí estos ejemplos: 1) Jesús Reyes Heroles, 2) Agustín Carstens, 3) Fernando Solana Morales, 4) Jaime Torres Bodet, 5) Adolfo Ruiz Cortines, 6) Antonio Carrillo Flores, 7) Ernesto Uruchurtu, 8) Antonio Ortiz Mena, 9) Arsenio Farell, 10) Rosario Castellanos. 11) Adolfo López Mateos, 12) Amalia de Castillo Ledón, 13) José Vasconcelos, 14) Heberto Castillo, 15) Luis Donaldo Colosio, 16) Alfonso García Robles, 17) Pedro Aspe, 18) Miguel Mancera Aguayo, 19) Javier Barros Sierra, 20) Luis Padilla Nervo. 21) Ramón Beteta, 22) Manuel Gómez Morín, 23) Rosario Green, 24) Rodrigo Gómez, 25) Alfonso Caso, 26) Salvador Zubirán, 27) Sergio García Ramírez, 28) Bernardo Sepúlveda Amor, 29) Gilberto Rincón Gallardo, 30) Ignacio García Téllez.
Hay hoy mexicanos, sobre todo entre los más jóvenes, que no identifican muy bien a muchos de estos destacados compatriotas. Si la mayoría de ellos (“los de antes” o neoliberales, les llaman ahora) se analizan un poco y se comparan con los que han tenido esas responsabilidades estos últimos años, podemos entender mejor la grave desmejora. Veamos.
Los gigantes que fueron titulares de la secretaría de Gobernación, se pueden contrastar con los más recientes: Rosa Icela Rodríguez, Luisa María Alcalde y Adán Augusto López. Los de Relaciones Exteriores, con los dos últimos: Juan Ramón de la Fuente y Alicia Bárcena.Los de Hacienda y Crédito Público, con estos de la llamada 4T: Edgar Amador y Arturo Herrera. Y quienes encabezaron la de Educación Pública, con los obradoristas Mario Delgado, Leticia
Ramírez y Delfina Gómez.
Claro, no es que todo tiempo pasado haya sido mejor, pero ya no se ven personajes como los de períodos anteriores. En verdad, se echan de menos esos sexenios. No íbamos tan mal, creo yo. Saludos”.
Tomó aire e inició su regreso a casa por rutas que evitan las grandes avenidas que han metido en esa zona.
* PRIVILEGIOS ES UNA PALABRA favorita de los populistas para atacar a esos de antes, que llaman conservadores o neoliberales malvados. Sin embargo, los actuales salieron peores y resultan muy atinadas estas dos frases: Criticaban los privilegios, pero no porque estuvieran en contra de ellos, sino porque los envidiaban. No era que no les gustaran, sólo los querían para ellos mismos.
También hablan de que en épocas anteriores la Salud y la Educación eran privilegios y ahora han dejado de serlo, pues se habrían convertido en “derechos” … sin tener en cuenta el desplome de su calidad y los mayores problemas para hacerlos realidad.
* LOS ESCÁNDALOS NUNCA faltan en la 4T. Aunque puedan verse como meras anécdotas, son síntomas de una degradación política y moral. Hoy se añaden en ello los integrantes de la aún llamada Suprema Corte de Justicia de la Nación y del colonizado Instituto Federal Electoral.
Además de las designaciones de personas sin la capacidad necesaria, es penoso hablar de camionetas de lujo blindadas o colaboradores que limpian los zapatos del Gran Jefe. Se trata, digamos, de privilegios groseros.
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