Diversos estudios en pedagogía científica confirman que el aprendizaje basado en experimentos mejora significativamente la comprensión de conceptos científicos en estudiantes de educación básica y media, en comparación con métodos exclusivamente teóricos.
Investigadores señalan que realizar prácticas en el aula permite a los alumnos observar fenómenos reales, formular hipótesis y desarrollar pensamiento crítico, lo que fortalece habilidades como la resolución de problemas y la curiosidad científica.
Además, el aprendizaje práctico ha demostrado ser una herramienta eficaz para reducir el rezago académico, ya que facilita la comprensión de temas complejos como física, química y biología, especialmente en contextos educativos con mayores dificultades.
Ante estos resultados, especialistas en educación hacen un llamado a fortalecer la infraestructura escolar, invertir en laboratorios y capacitar a docentes para fomentar una enseñanza de las ciencias más dinámica, participativa y basada en la experiencia.