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Las guerras del Potosí

Por María Luisa Paulín

El fantasma de la discordia recorre a los hombres fuertes del gallardato, en lo que parece ser un cisma en el movimiento que gobierna las tierras del Potosí.

Las fracturas al interior de los grupos gobernantes no son particulares del gallardato; ocurren siempre y comúnmente se descaran en el quinto año de la administración, que es el que cruza Ricardo Gallardo Cardona.

Durante los primeros cuatro años de la actual administración, todo el poder lo acumuló el secretario general de Gobierno, J. Guadalupe Torres. Nadie se atrevía a desafiarlo; a su ruda personalidad se sumó el poder político que lo hizo, por momentos, ser temido y odiado por sus compañeros de gabinete, sus subordinados y algunos otros actores de la vida pública de San Luis Potosí.

Nadie se atrevió en la primera mitad del sexenio a cuestionar o levantar la cabeza al secretario, pero las cosas comenzaron a cambiar hace poco más de un año, cuando se incorporaron a posiciones de mando el hoy diputado Héctor Serrano, Sonia Mendoza en la Secretaría del Medio Ambiente y Ariana García Vidal en la Secretaría de Finanzas.

Dirían los clásicos: dos reinas no pueden vivir en el mismo palacio. Así las cosas, a Torres Sánchez le empezó a incomodar Héctor Serrano, quien, hábil como es, comenzó a tener influencia en la estructura financiera.

Con tentáculos por todos lados, la buena relación entre los dos hombres fuertes de Gallardo se fue deteriorando: de “panino”, Serrano pasó a ser “el chilango”. Guardan apariencias, pero Torres ha desplegado una campaña de desprestigio contra el Congreso del Estado, buscando demeritar a Serrano a través de su sicario favorito, el Instituto de Fiscalización Superior del Estado, a cargo de Rodrigo Lecourtois.

El quinto año de gobierno es la prueba de fuego para los grupos políticos porque comienzan a desnudarse las ambiciones; afloran los rencores por regaños o degradaciones que se hacen al calor de la coyuntura, o por errores y deslealtades que va descubriendo el mandatario.

El gallardato irá mostrando su estilo de manejo en el año cinco, pero por lo pronto la guerra entre los dos hombres fuertes del gobernador da señales de lo que puede ser una cruenta batalla, con pérdidas para un poderoso grupo que aspira a mantenerse en el poder.

La sucesión se está convirtiendo en una montaña rusa; ofrecerá más emociones que la contienda constitucional porque, igual que en Morena a nivel nacional, en San Luis Potosí el Partido Verde enfrenta a sus propios demonios.

Dos hombres fuertes están de frente, uno con experiencia y estrategia; el otro con entraña dura y virulencia. Como diría mi abuelita: ya veremos de cuál cuero salen más correas.

P.D.1.– “El filtrador” del IFSE hizo circular los informes de auditoría con el claro fin de desacreditar a varios funcionarios, entre ellos a los que no son del agrado del secretario general de Gobierno, J. Guadalupe Torres Sánchez. El funcionario se está metiendo en un berenjenal que se le puede volver un karma difícil de quitar.

P.D.2.– Y ya que hablamos de guerras políticas en territorio del Potosí, se asoma ya una guerra de guerritas que alienta el empresario Carlos Torres Rodríguez, asesor en jefe del diputado federal Juan Carlos Valladares. Carlitos está impulsando una ofensiva contra el alcalde capitalino, Enrique Galindo. Allá Valladares si se deja conducir por un “vuelatrenes” como su primis. ¡Ups!

P.D.3.– Muy voraces se ven los funcionarios del Bienestar. La corrupción rampante y el nepotismo reinan en la delegación que encabeza Guillermo Morales. La nómina de aviadores es cosa de niños de pecho frente al manejo que le dan a los programas sociales, donde se puede encontrar que los muertos cobran pensiones de adultos mayores y las becas para jóvenes son pagadas a cuarentones sin oficio ni beneficio que, obviamente, tienen que dar su moche. Son salvajes para todo los señores de la cuatroté.

Hasta la próxima.

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