Las fresas no solo son apreciadas por su vibrante color y sabor dulce, sino que se han consolidado como un pilar fundamental dentro de una alimentación equilibrada, ya que estas frutas representan una de las opciones más saludables para quienes buscan snacks naturales, aportando una densidad nutricional asombrosa en muy pocas calorías.
Su versatilidad en la cocina las convierte en el aliado perfecto tanto para desayunos como para postres nutritivos. Más allá de su apariencia, su valor reside en su alto contenido de vitamina C, potasio y flavonoides.

Según datos publicados por la Fundación Española de la Nutrición (FEN), el consumo regular de fresas ayuda a neutralizar los radicales libres gracias a su capacidad antioxidante, lo que protege la salud cardiovascular y refuerza el sistema inmunológico.
Además, su gran aporte de fibra favorece el tránsito intestinal y ayuda a mantener niveles estables de azúcar en la sangre. Integrar este fruto en la dieta contribuye a mejorar la salud de la piel y a reducir procesos inflamatorios en el organismo.

Gracias a su bajo índice glucémico, es una fruta apta para la mayoría de las personas, incluyendo aquellas que supervisan su consumo de carbohidratos. Incorporarlas frescas y de temporada es la mejor manera de aprovechar todas sus propiedades biológicas y disfrutar de su frescura inigualable.
