Cada 2 de febrero, el Día de la Candelaria reúne a familias en distintas regiones del país en una celebración que combina elementos religiosos, culturales y gastronómicos. La fecha pone fin al ciclo de festividades decembrinas y refuerza prácticas comunitarias que se han transmitido por generaciones.
La conmemoración tiene su origen en la tradición católica y recuerda la presentación del Niño Jesús en el templo, así como la purificación de la Virgen María. En parroquias y templos se realizan ceremonias especiales, en las que los fieles acuden con imágenes del Niño Dios para ser bendecidas, un acto que simboliza protección y renovación espiritual.
Más allá del ámbito religioso, el Día de la Candelaria también se vive en los hogares a través de una de las costumbres más arraigadas: compartir tamales. Esta práctica está ligada a la celebración del Día de Reyes, cuando a quienes les corresponde el muñeco en la rosca asumen el compromiso de ofrecer este platillo típico, fortaleciendo la convivencia familiar y social.
En mercados y establecimientos de alimentos, la fecha representa un incremento en la actividad económica, especialmente en la venta de tamales, atole y otros productos tradicionales. Para muchos pequeños comerciantes, esta jornada es una de las más importantes del inicio del año.
Así, el Día de la Candelaria se mantiene como una expresión viva de identidad cultural, donde la fe, la gastronomía y la reunión comunitaria se entrelazan para preservar una de las tradiciones más representativas de México
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