Las llamadas “tierras raras” son componentes estratégicos para el desarrollo tecnológico y forman parte esencial de numerosos dispositivos de uso cotidiano, incluidos los teléfonos celulares, de acuerdo con información de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Estos elementos permiten mejorar la claridad, resistencia y durabilidad de las pantallas, características indispensables en los smartphones modernos.
Especialistas señalan que un celular inteligente contiene al menos tres tierras raras clave: lantano, cerio y praseodimio. Según la consultora británica SFA (Oxford), estos elementos se emplean principalmente en compuestos de pulido que permiten obtener superficies de vidrio ultrasuaves y altamente resistentes, lo que mejora la calidad visual y la vida útil de las pantallas táctiles.
El lantano se utiliza para reforzar el vidrio de alto rendimiento, ya que incrementa su resistencia química y mecánica, además de mejorar la transmisión de la luz y reducir aberraciones ópticas. Estas propiedades resultan fundamentales para pantallas expuestas de forma constante a la humedad, la grasa de la piel y el uso diario. Asimismo, este material es empleado en lentes de alta precisión, como las de cámaras y microscopios.
Por su parte, el óxido de cerio funciona como un abrasivo esencial en el pulido del vidrio, al permitir la eliminación precisa de defectos superficiales como arañazos y microgrietas. Su uso garantiza acabados lisos y brillantes sin comprometer el espesor del material, lo que lo ha convertido en el estándar mundial para el pulido de pantallas en dispositivos electrónicos.
El praseodimio, aunque no se utiliza como abrasivo principal, se incorpora para mejorar propiedades ópticas específicas del vidrio, como el contraste y la reducción del deslumbramiento. Además, puede actuar como catalizador en procesos de pulido y ajustar el color del vidrio, lo que también lo vuelve relevante en la industria de los celulares.
SFA (Oxford) advierte que el suministro global de lantano, cerio y praseodimio se encuentra altamente concentrado en China, país que domina la producción y el procesamiento de estos materiales. Esta dependencia representa una vulnerabilidad estratégica para los fabricantes tecnológicos que buscan un acceso estable a estos insumos clave.