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Elucubraciones: Sheinbaum y sus fallas en la 57

Por El Gato Filósofo

La Carretera 57, en su tramo San Luis–Matehuala, hace tiempo dejó de ser una vía de comunicación para convertirse en un corredor de riesgo. No es una exageración, es un diagnóstico sostenido por años de asaltos, ejecuciones, vehículos incendiados, ponchallantas, desapariciones y denuncias que se acumulan como carpetas de investigación que jamás se atienden. El Huizache y sus alrededores no son un punto ciego del mapa; son, más bien, una zona conocida, señalada y reiteradamente advertida.

La narrativa es vieja. Transportistas que ya no circulan de noche, familias que rezan antes de cruzar ese tramo, empresarios que ajustan rutas, horarios y seguros, y autoridades que, con admirable constancia, prometen operativos, mesas de seguridad y refuerzos que, rara vez, se notan cuando más se necesitan. La Carretera 57 ha sido, durante años, un territorio donde la autoridad aparece tarde o simplemente no aparece.

Por eso, el reciente asalto al equipo de avanzada y logística de la Presidencia de la República no debería sorprender a nadie. Resulta incómodo decirlo, pero es necesario: lo verdaderamente extraordinario no es que haya ocurrido el asalto, sino que ahora sí haya generado ruido, movilización y comunicados. La inseguridad en ese tramo no nació el día en que las víctimas fueron trabajadores del Gobierno Federal; llevaba tiempo instalada, operando con método y con una impunidad que ya parecía parte del paisaje.

Durante años, las denuncias de ciudadanos comunes, choferes, comerciantes y viajeros fueron recibidas con la cortesía burocrática de siempre: se tomaba nota, se prometía seguimiento y se archivaba el problema bajo el rubro de “zona complicada”. Complicada para quien la transita, claro, pero sorprendentemente manejable para quienes debían prevenirla. Hoy, en cambio, la respuesta fue inmediata: despliegues, presencia de fuerzas federales, declaraciones, investigaciones. Al parecer, la carretera se volvió peligrosa hasta que el riesgo tocó las puertas del poder.

El sarcasmo es inevitable. No porque el asalto al equipo presidencial sea menor (no lo es), sino porque evidencia una verdad incómoda: la urgencia institucional suele activarse en función del cargo de la víctima. Cuando el afectado es un transportista más, un padre de familia o un trabajador que regresa a casa, la reacción es lenta, fragmentada y, muchas veces, inexistente. Cuando el afectado pertenece a la estructura federal, entonces sí, la carretera 57 entra en la agenda prioritaria.

El Huizache sigue siendo el mismo. El tramo San Luis–Matehuala continúa acumulando historias de terror que rara vez llegan a las conferencias oficiales. Los grupos criminales no improvisan: conocen horarios, flujos, puntos ciegos y la ausencia de vigilancia constante. No operan por accidente, sino porque durante años encontraron el terreno fértil que deja la omisión prolongada.
La situación es crítica y negarlo sería irresponsable. No basta con reaccionar cuando el escándalo escala; se requiere una estrategia permanente, visible y evaluable. La seguridad no puede depender de la relevancia política del afectado ni del impacto mediático del hecho. La ciudadanía que transita esa carretera todos los días merece la misma protección que cualquier comitiva oficial.

¿Qué se debe hacer? No hay fórmulas mágicas, pero sí decisiones claras: presencia federal real y continua, inteligencia operativa, vigilancia tecnológica, coordinación efectiva entre niveles de gobierno y, sobre todo, voluntad política para aceptar que el problema existe desde hace años. No como discurso, sino como realidad incómoda.

Porque mientras la respuesta siga siendo reactiva y selectiva, la Carretera 57 seguirá cobrando su cuota diaria. Y entonces, el siguiente asalto volverá a ser sorpresivo, aunque todos sepamos, desde hace mucho, exactamente dónde y por qué ocurre.

Cavilaciones:

Primera: Si ustedes creían que el frente frío número 30 trajo las temperaturas más bajas del invierno 2026, esperen el 31 que nos va a regalar un gélido fin de semana largo (el primer puente del año). Este felino ya hace su reserva de tequilitas para calentar el cuerpo.

Segunda: Dicen que el nuevo director de Interapas, Arturo Jaimez, llegó al organismo con la espada desenvainada y que ya trae uno que otro roce con dos personas que, dicen, son las que mandan. ¡Pago por ver ese pleitote! ¡Miau!

Tercera: La Clínica 50 del IMSS está convertida en un verdadero caos. No hay especialistas para atender las demandas de los pacientes, no hay baños suficientes, no hay asientos para los adultos mayores, en pocas palabras, como dicen los chavos: No hay nadota en esa clínica. Y vienen cosas peores, dice la Biblia.

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