Mantener el suelo reluciente no sirve de mucho si la herramienta principal de limpieza es un foco de infección. Según diversos portales especializados en higiene doméstica y salud ambiental, la escoba es uno de los objetos que más ácaros y partículas de polvo acumula en el hogar, convirtiéndose en un vehículo que, en lugar de limpiar, redistribuye alérgenos por todas las habitaciones, entonces ¿Cómo limpiarla?
Para eliminar eficazmente estos ácaros, el primer paso consiste en realizar una limpieza mecánica profunda. Se recomienda cubrir el cepillo de la escoba con una bolsa de plástico y golpearlo suavemente para desprender el polvo grueso sin que este se disperse en el aire, o bien utilizar un peine de púas anchas para retirar cabellos y pelusas atrapadas.

Una vez libre de residuos visibles, es fundamental sumergir las cerdas en una mezcla de agua tibia con detergente desinfectante o una solución de vinagre blanco y bicarbonato de sodio durante al menos 30 minutos, asegurando así la eliminación de bacterias y microorganismos.
El paso final y más crítico para evitar la proliferación de nuevos ácaros es el secado. Tras el lavado, la escoba debe enjuagarse con abundante agua limpia y colocarse boca arriba o colgada al aire libre, preferiblemente bajo la luz solar directa, ya que los rayos UV actúan como un desinfectante natural adicional.

Los expertos en limpieza sugieren repetir este proceso al menos una vez al mes para garantizar que la higiene del hogar sea real y que nuestra escoba deje de ser un depósito invisible de ácaros y suciedad.