
En San Luis Potosí, el 2026 ha sido bautizado como “El año de las grandes obras”. Y no es para menos: pocas veces se había escuchado una orquesta tan afinada de anuncios, renders, maquetas y promesas provenientes de prácticamente todos los niveles de gobierno. El gobernador Ricardo Gallardo, los alcaldes Enrique Galindo, Juan Manuel Navarro y David Medina, y hasta la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, parecen coincidir en algo poco común en la política mexicana: la necesidad de trabajar en conjunto.
Gallardo ha sido el principal animador de esta narrativa. Proyectos conjuntos, de alto impacto y alcance estatal han sido anunciados como si el calendario y la chequera no tuvieran límites. En la capital potosina, por ejemplo, se habla ya de cuatro obras de gran calado: el puente a desnivel de El Saucito, el Puente de Villa Magna, el distribuidor vial en la Glorieta de la Salida a Guadalajara y un nuevo puente que conecte el Río Españita con Salvador Nava. Todo ello, se dice, en coordinación con el alcalde Enrique Galindo, en una relación que hoy presume institucionalidad y pragmatismo.
En Soledad de Graciano Sánchez, el presidente municipal Juan Manuel Navarro tiene pendiente concluir el puente del Periférico y la Carretera a Rioverde, aunque desde ya se filtran versiones de que habrá más obras de ese tamaño. La cifra que circula es de 800 millones de pesos y suena tan ambiciosa como necesaria para una demarcación que creció más rápido que su infraestructura. Algo similar se anuncia para Villa de Pozos, donde el gobernador ha prometido grandes proyectos que, esta vez sí, deberán responder a años de rezago urbano y servicios insuficientes.
En Ciudad Valles, David Medina tampoco se queda atrás. La Puerta Grande de la Huasteca parece encaminada a subirse al mismo tren del desarrollo. La Huasteca, por cierto, tiene un respaldo adicional: la presidenta Claudia Sheinbaum ha puesto el foco federal en la región. La modernización de la carretera Valles–Tampico, el aeropuerto de Tamuín (por enésima ocasión) y la actualización del Hospital General de Valles son anuncios que, de concretarse, tendrían un impacto real en la movilidad, la economía y la salud. Mientras tanto, la zona metropolitana de la capital sueña con la llegada del tan mencionado tren de pasajeros, ese proyecto que dejó Andrés Manuel inconcluso y que Claudia se empeña en terminar.
Hasta aquí, el panorama luce prometedor. Nadie en su sano juicio discutiría que estas obras son necesarias. El problema no está en el qué, sino en el cómo y, sobre todo, en el con qué. Porque mientras las listas de proyectos crecen, el contexto económico nacional e internacional no invita precisamente al optimismo financiero. La desaceleración económica global, la presión sobre las finanzas públicas, el elevado costo de la deuda y un presupuesto federal cada vez más comprometido obligan a preguntarse si existen recursos suficientes para sostener semejante empujón de infraestructura.
La experiencia reciente enseña que anunciar no es sinónimo de ejecutar. Las obras grandes requieren planeación, licitaciones limpias, tiempos realistas y, por supuesto, dinero constante. No recursos a cuentagotas ni partidas sujetas al humor político del momento. El riesgo es evidente; que el entusiasmo de hoy termine convertido en elefantes grises mañana, obras inconclusas o proyectos recortados a la mitad de su concepción original.
Y, aun así, hay que decirlo, el estado no puede darse el lujo de no intentar. San Luis Potosí, y en especial su zona metropolitana, arrastra rezagos profundos en movilidad, conectividad, salud y desarrollo urbano. El crecimiento desordenado ya pasó factura y seguir postergando soluciones sería más costoso que arriesgarse a construirlas.
El desafío, entonces, no es menor. Hacer de 2026 el año de las grandes obras implica algo más que cortar listones y presentar renders espectaculares. Implica priorizar, transparentar y, sobre todo, garantizar que cada peso invertido responda a una necesidad real.
Cavilaciones:
Primera: La General Motors anunció, ayer, el despido de mil 900 empleados de su planta en Ramos Arizpe. La razón; el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quitó los incentivos que les había dado el presidente Joe Biden para la producción de automóviles eléctricos. Para el siguiente reporte, la planta San Luis está en la mira. ¡Que Dios reparta suerte! ¡Miau!
Segunda: El gobernador Ricardo Gallardo entregó obras en Villa de Reyes. Las vialidades permitirán a los habitantes de la comunidad de Pardo tener mejor movilidad y seguridad en la salida y regreso a sus hogares. Con el tiempo, la secretaria de Obras Públicas, Leticia Vargas Tinajero, se consolida como una de las eficientes, discretas y leales colaboradoras del gallardato.
Tercera: Dicen que, en la política del Potosí, ha comenzado “El Juego del Calamar» ¡Grrr!