
Las amenazas de Donald Trump hacia México han dejado de ser simple retórica de campaña para convertirse en un factor real de incertidumbre económica, política y social. Cada declaración sobre aranceles, migración o seguridad sacude mercados, inquieta a inversionistas y pone en jaque a un país que, le guste o no, depende en buena medida de su relación con Estados Unidos. El problema no es sólo Trump, sino la fragilidad con la que México enfrenta este nuevo ciclo de presiones.
Un ejemplo claro es la industria automotriz ¿Qué pasará con General Motors si Trump cumple su advertencia de que los vehículos deben fabricarse en territorio estadounidense y no en México? No se trata de una pregunta menor. GM es uno de los pilares de la manufactura nacional y de economías regionales completas. Desmantelar o reducir su presencia tendría efectos devastadores en empleo, cadenas de proveeduría y recaudación, pero, más allá de la preocupación, lo inquietante es que no se percibe una estrategia clara del gobierno mexicano para enfrentar ese escenario.
La semana pasada, Marcelo Ebrard, secretario de Economía, aseguró que viene una inversión fuerte para el país. Lo dijo con convicción, pero sin demasiados detalles. Y ahí está el problema; no se ve por dónde. Mientras se anuncian futuras inversiones, la realidad inmediata muestra un país que entra en una fase crítica en materia laboral. Paros técnicos, despidos masivos y plantas que reducen turnos se multiplican silenciosamente. El discurso optimista contrasta con la angustia diaria de miles de trabajadores que ya están pagando el costo de la incertidumbre.
A este panorama se suma el retorno forzado o voluntario de mexicanos desde Estados Unidos ¿Qué pasará con esa gente que regresa cuando, del otro lado, ya no hay vida posible? El mercado laboral nacional no tiene capacidad real para absorberlos en condiciones dignas. No hay empleos suficientes, no hay salarios competitivos y no hay políticas públicas claras para su reinserción productiva. El regreso masivo, lejos de ser una oportunidad, amenaza con convertirse en una crisis social si no se atiende con seriedad.
Ebrard menciona la llegada de empresas como Pilgrims como muestra de confianza en México, sin embargo, la narrativa de inversión se rompe cuando se observa lo que ocurre a nivel local. En San Luis Potosí, por ejemplo, la quiebra del invernadero de Ciudad Fernández, Rising Farm, dejó sin empleo y sin salario a cerca de 200 trabajadores. Para ellos, las grandes promesas macroeconómicas no significan nada frente a la pérdida inmediata de su sustento. La economía no se mide sólo en anuncios, sino en empleos reales y estables. Eso debería saberlo bien Marcelo.
Y como si el escenario económico no fuera suficientemente tenso, a todo esto, se suman las maniobras militares de Estados Unidos. No son un juego ni un simple mensaje diplomático. La presencia y el movimiento de tropas envían una señal clara; la presión va más allá de lo comercial. La idea de una intervención bajo el argumento del combate al narcotráfico ya no suena descabellada en el discurso trumpista. Puede venir Trump “por los narcos”, sí, pero en el camino habrá daños colaterales, y esos daños difícilmente los pagarán quienes están en la cima del poder criminal.
La combinación es peligrosa: amenazas económicas, fragilidad laboral, retorno migratorio sin estrategia y una sombra militar que se cierne sobre la relación bilateral. El impacto para el país podría ser profundo. Menos inversión, mayor desempleo, tensiones sociales y una pérdida gradual de margen de maniobra política. México parece caminar sobre una cuerda floja.
El problema de fondo es que el país enfrenta este momento sin un plan visible y sin un relato convincente para su propio pueblo. La incertidumbre no sólo viene del norte, también nace de la incapacidad interna para anticipar escenarios y proteger a quienes siempre terminan pagando la factura; los trabajadores, la ciudadanía. Entre amenazas externas y omisiones internas, México se asoma a un periodo en el que el costo de no actuar podría ser mucho más alto que cualquier arancel.
Cavilaciones:
Primera: Este año, el gobernador Ricardo Gallardo ampliará la cobertura del sistema de transporte MetroRed. Se trata de nuevas rutas y unidades que ofrecen transporte gratuito en la zona metropolitana de la capital, la Zona Media y la Huasteca. Sólo el Altiplano ha quedado fuera de este beneficio. Este felino cree saber por qué ¡Miau!
Segunda: La que anda con todo, es la presidenta municipal de Charcas, Marisol Nájera. Para recibir al gobernador, que fue a su municipio a entregar obras, lució una bufanda Fendi con valor de 15 mil pesos ¡Cualquier bobería! Dirían los personajes de El Conde Pátula.
Tercera: Los de la Guardia Nacional andan haciendo de las suyas en la carretera 57, tramo San Luis-Matehuala. Montan sus ilegales retenes para «invitar» a pasajeros de autobuses que van a Estados Unidos a cooperar con 40 dólares por cabeza a cambio de no abrirles sus maletas. Pobres paisanos, tan lejos de Dios y obligados a pagar derecho de piso a los buenos y también a los malos para poder regresas a sus lugares de residencia en Estados Unidos.


