En Villa de Pozos ocurrió lo que en política casi nunca pasa, pero cuando pasa, duele. Como si se tratara del famoso juego de las sillas, alguien apagó la música y varios se quedaron sin espacio para sentarse. Los concejales que se asumían inamovibles, indispensables y hasta intocables, descubrieron de golpe que el cargo no era hereditario ni vitalicio, y que la soberbia, tarde o temprano, siempre pasa factura.
La salida de Teresa Rivera de la presidencia del Concejo Municipal marcó el primer acto de una obra que ya olía a tragicomedia. Su relevo, Paty Aradillas, no sólo simbolizó un cambio de nombre en la silla principal, sino el intento del Congreso del Estado por recomponer un experimento que se les había ido de las manos. Porque hay que decirlo sin rodeos, el Concejo original fue un error político. Y esta vez, hay que reconocerlo, el Legislativo tuvo la decencia (poco común) de admitirlo y corregirlo.
Lo verdaderamente escandaloso, sin embargo, no fue la renuncia, sino lo que vino después: bonos autoasignados, decisiones tomadas de espaldas a la ciudadanía y la sospecha, cada vez más evidente, de que algunos concejales entendieron la representación popular como una franquicia personal, donde el voto se cotiza según el tema y la conveniencia.
Lo más curioso es que varios de esos concejales actuaban con la seguridad de quien cree que el poder es eterno. Se sentían tan cómodos que no gobernaban, administraban su permanencia. Se asumían indispensables, cuando en realidad eran perfectamente prescindibles. El problema no fue que cobraran bonos; el problema fue que creyeran merecerlos.
En este contexto, la decisión del Congreso de remover en su totalidad al Concejo Municipal es una medida extrema, sí, pero también necesaria. No por castigo moral, eso nunca ha sido prioridad en la política, sino por supervivencia institucional. Villa de Pozos no podía darse el lujo de debutar como municipio con una autoridad desacreditada, señalada y divorciada de la ciudadanía.
El mensaje es claro y contundente; nadie es indispensable y nadie está por encima del error, ni siquiera quienes se sentían dueños del municipio en construcción.
Ahora bien, el impacto de este episodio no será menor. En la dinámica de gobierno, deja un Concejo nuevo con la presión de demostrar que no llegó a servirse, sino a servir. En la sociedad, deja una mezcla peligrosa de escepticismo y expectativa, pues la gente vio cómo el poder se corrompe rápido, pero también cómo puede ser retirado cuando el descaro rebasa límites.
Villa de Pozos inicia, de nuevo, su proceso de aprendizaje político. Ojalá esta segunda versión del Concejo entienda algo elemental: el cargo no es un premio, el voto no es mercancía y el presupuesto no es caja chica. Porque si no, el Congreso ya demostró que también sabe rectificar y cortar cabezas políticas cuando hace falta.
Y eso, para quienes se creían eternos, debe haber sido una sorpresa bastante amarga.
Por cierto, hay algunas voces, de esas que se quedaron sin silla, que andan advirtiendo la inminente exhibición de todo lo que ocurría en el Concejo. Los ciudadanos lo saben bien, no van a venir a revelar los más grandes secretos del universo. Esas denuncias debieron hacerse cuando estaban en funciones, justamente por el compromiso que tenían con la ciudadanía. Hacerlo ahora suena a despecho.
Cavilaciones:
Primera: El senador del Partido Verde, Gilberto Hernández Villafuerte, ya está de regreso en San Luis Potosí tras intensas jornadas de trabajo en el Senado de la República. El legislador se anda dedicando a visitar a sus representados y, como siempre, desayuna en el restaurante La Güera, además, se da sus gustitos en lugares populares como la Senaduría El Santuario. Sigue siendo sencillo y eso habla bien de cualquier político. Saludito navideño, pues, para el ingeniero y su señora esposa, que siempre lo acompaña y, además, también es muy amable.
Segunda: Una chica originaria de Mexquitic está entre los excursionistas que se extraviaron el fin de semana en el Pico de Orizaba, en Veracruz. Volvieron a nacer. Autoridades de Protección Civil de Veracruz y de Puebla trabajaron en su rescate. Gracias a esos héroes sin capa que salvan vidas ¡Miau!
Tercera: Hoy comienzan oficialmente las posadas y este felino se declara listo para lo que se ofrezca. Se aceptan invitaciones cinco estrellas, tejados fifí y buenos cortes, vino Cava Quintanilla y agua de Lourdes. Ya de mínimo, tamalitos de caviar ¡Grrr!