
El Santuario de la Virgen de Guadalupe, uno de los espacios espirituales más emblemáticos de la Huasteca, celebra este 2025 los 71 años de resguardar la imagen guadalupana que desde 1954 permanece en su altar principal. Su historia —marcada por fe, reconstrucción y profunda unión comunitaria— volvió a sentirse viva este jueves durante la tradicional Misa de Gallo, encabezada por el obispo de la Diócesis de Valles, Roberto Yenny García.
La ceremonia reunió a autoridades civiles encabezadas por el alcalde David Armando Medina Salazar y su esposa, la presidenta del DIF, Ena Avendaño Uscanga, quienes fueron los primeros en presentar una ofrenda floral y entonar las mañanitas al concluir la misa, dando inicio a la celebración guadalupana en Ciudad Valles.
El momento que marcó la noche ocurrió cuando, acompañado por mariachi, el obispo Roberto Yenny interpretó el canto “A ti Virgencita”, un gesto inesperado y sin precedentes en la diócesis. La emoción inundó el santuario: aplausos, rostros conmovidos y lágrimas de feligreses que vivieron un símbolo de cercanía y devoción pocas veces visto.
En su mensaje, el obispo llamó a que este día sea un recordatorio del mensaje central de María: paz, unidad y reconciliación. Subrayó la importancia de desterrar la confrontación en las familias y comunidades, y fortalecer la construcción de la paz como un acto de fe y compromiso social.
La misa también marcó la reaparición pública del obispo emérito Roberto Octavio Balmori Cinta, quien asistió pese a años de convalecencia por problemas de salud, presencia que fue recibida con respeto y afecto.

Un santuario con historia viva
El Santuario de Guadalupe comenzó su construcción en 1945, y desde entonces ha sido punto de encuentro para generaciones de fieles. Las primeras mañanitas se realizaron en 1946, cuando el templo aún estaba en obra, pero ya reunía multitudes y antorchistas que llegaban desde Santiago de los Valles.
Tras un incendio en 1951 que destruyó la imagen original, el artista Luis Toral González creó una reproducción fiel del Ayate —de 2 metros por 1.20, con rayos de oro— que fue colocada en el altar principal en 1954, donde permanece hasta hoy como símbolo de identidad, esperanza y unidad para Ciudad Valles y toda la región.

Una tradición que sigue encendiendo corazones
Entre ofrendas, cantos, mariachis, antorchas y plegarias, Ciudad Valles volvió a confirmar que la devoción guadalupana es una fuerza que une, que emociona y que permanece vigente más allá del tiempo. La Virgen Morena volvió a congregar a su pueblo, como desde hace más de siete décadas, en un santuario que guarda historia, milagros y memoria colectiva.
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