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De domésticas, sirvientas, muchachas y algo más…

Al parecer, en pleno siglo XXI, cuando los derechos humanos retumban en todas partes y los nuevos gobiernos piden igualdad de trato, inclusión y prioridades para los que menos tienen; en la era de las feministas, de la liberación y de buscar la igualdad educativa, política y laboral de las mujeres, nos hemos “olvidado”, para conveniencia de muchos y muchas de ellas, que en ocasiones, desde niñas trabajan en los hogares desempeñando tareas de limpieza, elaboración de alimentos y cuidando niños (dejando a los suyos) para poder llevar un sustento.

Aunque no lo crean queridos lectores, existen “chats” y páginas en redes sociales donde se ofertan y demandan a la mejor postora en su en los que citan “…me urge una de quedada, pero que no coma mucho y sea limpia…” – “…a mi me sobra una, alguien le interesa por dos dias…” – “…no metan a esta vieja en su casa se come el jamón…”, y muchos ejemplos más que probablemente en otros tiempos se daban en pláticas de café pero que ahora se trasladan hacia el internet… por aquello de las amas de casa modernas.

En los últimos años, películas como Roma o Historias cruzadas nos han hecho reflexionar como en nuestra sociedad mexicana las llamadas trabajadoras del hogar tienen que vivir dos vidas; si, la de ellas a escondidas y con muy poco tiempo para ello, y la de la familia o los patrones para los que trabajan, en las que los lazos van más allá de una simple labor, es aquí donde se cosifica su trabajo.

No podemos dejar de pensar en las telenovelas de la década de 1980 y 1990, en donde la sirvienta se enamoraba del patrón, o del hijo de éste, y la historia de amor terminaba en una felicidad absoluta, como Jennifer Lopez en su película Sueño de amor. Sin embargo, estas historias llenas de ilusión y lágrimas de felicidad, se empañan ante la realidad de este sector de mujeres que sufren de abusos la mayoría de las veces en silencio por miedo, necesidad y sentimiento de inferioridad.

Comida bajo llave, separar los platos en los que comen o no ponerles agua caliente, son solo algunos ejemplos que familias adineradas y de renombre hacen a sus empleadas. De seguro de gastos médicos ni hablemos, que terrible es que ahora sea obligatorio, se escucha.

Esto es poca cosa con lo que tienen que aguantar algunas. El acoso sexual y la violencia forman parte también de este terrible repertorio, como si fuera también un servicio incluido en su sueldo.

– “Jamás te va a creer la señora, o me enseñas tus chichis, o verás lo que te pasa, ni que tuvieras tantas”

– “ Mira como se me pone, verdad que te gusta, deja de tender la cama y chúpamela”

– “Ya vendrás bien cogida del pueblo, pues que más te da aquí, la señora ni se entera”

Y disculpara lo explícito, pero solo son algunos de los pocos ejemplos que viven estas chicas, en ocasiones indígenas, menores, analfabetas; un sector vulnerable y desprovisto de apoyo, en el que el miedo de que la palabra del gran empresario, político o comerciante seguramente tenga más fuerza que las de ellas y que generalmente desde sus hogares han aprendido a callar.

Si cómo sociedad queremos crecer y formar, debemos de ver cerca de nosotros en qué podemos ayudar y cambiar. El fomentar divisiones y avalar acosos y violencias no hace más que normalizarlo y que los niños y jóvenes repitan patrones. Así es que démosle voz a las que lo necesitan y dejemos de creer en la superioridad de esta sociedad potosina cada vez más descompuesta.

Y las y los que les quede el saco, pues vayan midiendo porque los ejemplos de “potosinos ejemplares” están muy cerca de salir a la luz, al igual de quien los encubre tras familias que viven de la fachada, la portada y las fotos perfectas tras la podredumbre.

MUNICIPIO SOLEDAD GRACIANO SANCHEZ
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