Cada 31 de enero, el mundo se rinde ante el asombro para celebrar el Día Internacional del Mago. Esta fecha no fue elegida al azar; busca conmemorar el fallecimiento de Juan Bosco (San Juan Bosco), un sacerdote italiano del siglo XIX que utilizaba el ilusionismo y la prestidigitación para captar la atención de los jóvenes más necesitados y transmitirles valores positivos.
Debido a su destreza y al impacto de su labor, fue declarado el patrono de los magos, convirtiendo este día en una cita obligada para honrar a quienes dedican su vida a desafiar las leyes de la lógica.

La importancia de esta efeméride radica en el reconocimiento de la magia como una disciplina artística compleja que requiere años de práctica, disciplina y una profunda comprensión de la psicología humana. Más allá de los simples trucos de cartas o desapariciones, la magia fomenta la curiosidad y mantiene viva la capacidad de asombro tanto en niños como en adultos.
Según información recopilada de archivos históricos de comunidades de ilusionistas y portales culturales internacionales, este día sirve para reivindicar el esfuerzo detrás del escenario y la ética profesional que rige el famoso «secreto del mago».

Actualmente, las celebraciones incluyen galas benéficas, talleres y espectáculos callejeros que inundan de color las ciudades. Los ilusionistas aprovechan la jornada para recordar que, en un mundo saturado de explicaciones tecnológicas, la magia sigue siendo un refugio necesario para la imaginación.


