Cada 26 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Prevención del Cáncer de Cuello Uterino, una fecha clave en el calendario de salud global destinada a sensibilizar sobre esta enfermedad, con organizaciones sanitarias de todo el mundo que aprovechan esta jornada para recordar que este tipo de cáncer es uno de los pocos que se pueden prevenir casi en su totalidad mediante la detección temprana y la vacunación.
El objetivo primordial de cada año es reducir las tasas de mortalidad, que afectan desproporcionadamente a mujeres en regiones con acceso limitado a servicios médicos de calidad.
La estrategia principal para combatir este padecimiento se centra en la aplicación de la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), principal causante de las lesiones precancerosas, y la realización periódica de pruebas de tamizaje como el Papanicolaou o el test de ADN de VPH.
Los expertos enfatizan que un diagnóstico en etapas iniciales permite tratamientos menos invasivos y aumenta las probabilidades de curación por encima del 90%. Por ello, las campañas de este año se enfocan en derribar mitos y barreras culturales que aún impiden a muchas mujeres acudir a sus revisiones anuales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reafirmado su compromiso con la estrategia «90-70-90» para el año 2030: lograr que el 90% de las niñas estén vacunadas, que el 70% de las mujeres se realicen pruebas de alta precisión y que el 90% de las diagnosticadas reciban tratamiento adecuado.
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