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Monseñor Arturo Antonio Szymanski Ramírez, el amigo del Papa Juan Pablo II

* ¿Juan Pablo II de guía turístico y chofer?

* ¡Un polaco que pide no le hablen en polaco!

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diciembre 3, 2011

* ¿Juan Pablo II de guía turístico y chofer?

* ¡Un polaco que pide no le hablen en polaco!

* ¡Craso error!… ¿Qué pasó con las cartas personales de Juan Pablo II?

Por Hugo Suárez del Real

Se imaginan al Papa Juan Pablo II, sirviendo de guía turístico y chofer; o pidiéndole a su interlocutor que no le hablara en polaco, su lengua natal; o ya gravemente enfermo acordándose del inmenso cariño que le tenía a los mexicanos, y mandando lo que a la postre sería su última bendición para el pueblo de México.

Se imaginan a alguien que pueda comentar que recibió muchas cartas personales de Juan Pablo II y las destruyó por considerar que no era necesario conservarlas; o bien a alguien que tenía derecho de picaporte en el Vaticano para hablar con Su Santidad e incluso que pueda decir que llevó  a muchos potosinos a Roma a “echarse un taco de Papa”.

Se imaginan a alguien que pueda presumir de contar con un hermoso ornamento que usó el Papa y un cáliz con el cual consagró en  varias misas y que personalmente le obsequió Juan Pablo II.

Sí, creo que se imagina bien, estamos hablando de monseñor Arturo Antonio Szymanski Ramírez, arzobispo emérito de la Arquidiócesis de San Luis Potosí, quien llevó una gran amistad y estrecha relación con Karol Józef Wojtyla, a quien conoció en Roma, durante la realización del Concilio Vaticano II, en octubre de 1962.

Por su apellido eslavo conoció a Karol Wojtyla

Monseñor Szymanski recuerda que por su apellido eslavo durante la celebración del Concilio II fue sentado a la derecha del cardenal primado de Polonia, Stefan Wyszynki y a la izquierda se encontraba el joven obispo auxiliar de la arquidiócesis de Cracovia, Karol Wojtyla, con quien entabló una agradable plática.

Al termino del Concilio cuando monseñor Szymanski se disponía a retirarse al hotel donde se hospedaba, se le acercó el joven Karol Wojtyla, quien le indicó que él, en su automóvil, lo llevaría e incluso durante el trayecto le mostró varias de las principales atracciones turísticas de Roma.

“Ahí nació una gran amistad con el obispo auxiliar de Cracovia, quien dos meses después, el 30 de diciembre de 1962 fue consagrado arzobispo de Cracovia por el Papa Pablo VI”, recuerda monseñor Szymanski y precisa que a partir de ese momento y hasta su muerte continúo la amistad con Juan Pablo II.

Ya en México, siguió la relación a través de cartas, sin embargo el arzobispo emérito potosino nos aclara que para él existe tres tipos de cartas: “las que contesto de inmediato, las que medito y luego regreso para que medite quien me la envío y las que rompo, por considerar que son de amigos con los que mantengo contacto frecuente y no tiene caso conservar”.

Desafortunadamente, nos comenta monseñor Szymanski, quien porta su tradicional túnica blanca, mientras se acomoda en la mecedora de la sala de su casa, en donde nos recibió, “las cartas del Papa cayeron en el tercer punto y las destruí”, no sin antes sonreír y comentar que muchos amigos le piden que les muestre las misivas, “pero estas ya no están, imagínate de haber sabido que iba a llegar a ser Papa las hubiera guardado”, nos dice sin perder la sonrisa de sus labios.

Chimanski no me hables en polaco”

El 26 de enero de 1979, ya investido como el Máximo Jerarca de la Iglesia Católica, Juan Pablo II llegaba a México, en donde los mexicanos se identificaron plenamente con el Papa y el Papa con los mexicanos, quedando ambos marcados para siempre. Lo esperaba un México Siempre Fiel, antes de que él lo identificara con ese nombre.

Entre las autoridades eclesiásticas que le dieron la bienvenida al Papa se encontraba monseñor Szymanski, y al reconocerlo lo saludó con gran cariño y aprecio. Szymanski lo recibió con tres palabras en polaco: “Witamy wMeksyku, le dije, dandole la bienvenida a México, tres palabras cuya pronunciación estuve  practicando para decirselas bien a su llegada”.

Para su sorpresa el Papa se le queda viendo y sonriendo le responde en español: “Chimanski, porque en polaco la SZ se pronuncia como CH, no me hables en polaco, háblame en castellano para practicarlo”.

Más adelante y no sin antes percatarnos que la voz de monseñor Szymanski, se hacía más tenue a medida que continuaba la plática, –cabe señalar que antes de la entrevista se nos había informado que debería ser muy breve, porque se encontraba un poco enfermo-, nos refiere esa gran amistad que llevó con Juan Pablo II y recuerda que cada vez que lo visitaba en el Vaticano su secretario particular Stanisław Dziwisz, hoy cardenal, de inmediato lo pasaba con él.

Juan Pablo II le obsequió su ornamento y un cáliz

En una de sus muchas visitas llevó al Vaticano a las madres que hoy lo atienden en su casa, “llevé a las monjitas a Roma a que se echaran un taco de Papa, precisamente cuando Juan Pablo II celebraba sus 25 años en el Pontificado, -en donde lo auxilió en una misa en su capilla privada-, y al termino de la visita me obsequió el cáliz con la que consagró  así como su ornamento. Ya de regreso las mismas monjitas, al ver las fotos que nos tomamos, me dijeron que era el mismo ornamento con el que celebró la misa”.

Monseñor Szymanski se para y tras dirigirse a una habitación regresa llevando el hermoso ornamento que le regaló Juan Pablo II, así como una caja de madera, aterciopelada por dentro, en donde guarda el cáliz, el cual nos muestra con gran orgullo. No cabe duda que se trata de dos reliquias más del Papa que se encuentran en San Luis Potosí, como las que hoy nos visitan.

Posteriormente, nos informa que él usará ese ornamento en la misa que presidirá este lunes, a las 9:00 horas en Catedral y posteriormente, en la ceremonia eclesiástica del mediodía, la usará el arzobispo don Luis Morales Reyes.

Un mes antes de su muerte mandó su bendición a México.

Monseñor Szymanski se pone serio, en su cara se refleja la tristeza al recordar el sensible fallecimiento del Papa Amigo y nos cuenta que un mes antes de su muerte, -sábado 2 de abril de 2005-,  en el mes de marzo de 2005, acudió a visitarlo a Roma, en donde su secretario particular Stanisław Dziwisz, le informó de su delicado estado de salud y le indicó que vería si lo podía recibir.

Sin embargo, por recomendación médica esto ya no le fue permitido, le estaba prohibido cualquier visita, pero pese a eso, con su secretario particular le mandó un rosario con una gran cruz, -la cual porta en su pecho monseñor Szymanski y nos muestra con orgullo-, y le hizo saber que la agradecía su visita y, en reciprocidad le daba ese rosario. Presintiendo ya su muerte, Juan Pablo le pidió que fuera el conducto para hacerle llegar al pueblo de México su bendición y un saludo con todo el amor de su parte, porque siempre llevaba consigo el cariño y el amor que los mexicanos constantemente le manifestaban.

Milagro en Zacatecas: Curó a un niño con leucemia

Aquí, monseñor Szymanski hace una breve pausa, después, al referirse a su beatificación, recuerda un milagro que hizo en vida: “En su visita a Zacatecas se le acercó una madre con un niño en brazos, el pequeño padecía leucemia y la angustiada madre lo llevaba para que lo tocara el Papa”.

Y el milagro se hizo: “Lo tocó y el pequeño se curó, la leucemia desapareció, lo cual está comprobado por los médicos que lo atendieron. Años más tarde ese niño, ya un adulto, acudió a Roma, en donde se entrevistó y agradeció personalmente al Papa que le salvara la vida”, nos dice, para agregar que ese milagro lo hizo Juan Pablo II en vida y está documentado, pero no fue tomado en cuenta para su beatificación.

Para terminar la entrevista monseñor Szymanski habla de las reliquias del Beato Juan Pablo II que hoy llegan a la Arquidiócesis Potosina: “Es un hecho digno de tomarse en cuenta, porque en el relicario hay sangre de él, el Papa Amigo, el Papa que tanto amó a México, a su México Siempre Fiel”.

Puntualizó que esperaba que en éste recorrido de sus reliquias Juan Pablo II pueda darle lo que hace falta en el México actual y pedir por la integración del país a Dios, para que nos conceda la paz que tanta falta hace ahora, paz para el país y paz para las familias mexicanas.